Viernes a la noche

Mi mejor y único plan para un viernes a la noche, es ver una película. Ya es una rutina, que todos los viernes me acueste en mi cama, cubierto por sábanas y mantas, rodeado de almohadas y almohadones, y en el medio de todo, en la oscuridad absoluta, se prenda de repente, la pantalla con la película que voy a ver.

Las películas que veo los viernes a la noche no la avería ningún otro día, esto no es por su calidad, sino por la magia de las noches de viernes. No fue lo mismo haber visto «Cuando Harry conoció a Sally» un viernes a la noche, que hacer visto «Top Gun» el sábado siguiente. La diferencia entre estos dos casos no está en la trama ni en el género de la película, sino en- reiteró- la magia de una noche de viernes. Las noches de viernes, elegía una comedia, porque si decidís ver una drama o una bélica, te dormís. El cansancio de toda la semana se complota con el viento fresco típico de estas noches y hacen magia. Podría seguir escribiendo sobre estos rituales, pero es viernes, por la ventana está entrando viento fresco y ya encontré por donde ver «Bananas».

Proyecto cartele

Revisando mi biblioteca, descubrí un libro que no recordaba que tenia. Proyecto Cartele. El libro es un conjunto de fotos, tomadas en la calle, de carteles graciosos. Cuando lo vi por primera vez, recuerdo que quise comprarlo al instante. No se si fue la espontaneidad y originalidad pepitas de que sean fotos de la calle, o una noción, ya inexistente, sobre el arte y el humor. Lo importante es que estas ideas, me obligaron a comprar el libro que, por más que me desternille de risa l a primera vez que lo hojee, ya no surte el mismo efecto. Tal vez es por eso que los carteles del libro están tan lejos de mi. Digo, están en barrios y zonas que quedan a más de dos colectivos de distancia. Tal vez un cartel sea solo para ver una vez. Porque si se frecuenta un cartel de este tipo, el chiste deja de ser espontáneo y empieza a parecer planeado. Creo que ahí es donde muere cualquier chiste. Un chiste y su efecto sobre las personas radican en su espontaneidad. Y cuando digo chiste, me refiero por supuesto, al cartel de una fiambrería.

Imbecil

Haciendo el Inktober (un reto de dibujo basado en la pública vió n de una ilustración por cada día de octubre. La consigna del dibujo está regida por un lista de palabras), me encontré, en el segundo día con la palabra que tocaba, Imbecil.

Imbecil

adjetivo/ nombre común

2. [Persona] Que es poco inteligente o se comporta con poca inteligencia.

Mientras dibujaba, m quedo resonando el «…se comporta con poca inteligencia». Entonces pensaba, ¿quien querría comportarse con poca inteligencia? Nadie. Nos comportan con poca inteligencia. Nos subestiman para controlarnos y, si, tal vez suene una idea apocalíptica o algo por el estilo. Pero no. No lo es, ya que diga lo que diga, nadie cambiará sus actos o costumbres como forma de rebelión. Nadie se anima. Para esos poco valientes, los que decimos la verdad somos imbeciles. Por eso estamos internados en psiquiatrícos o aislados de la sociedad. Porque somos imbeciles.

-Imbecil

Bocina de avión

Un CD en la época de YouTube o Spotify, está tan al pedo como bocina de avión. Siempre me intereso esta frase: «…como bocina de avión » Esta comparación hecha con un elemento inexistente en un medio de transporte al que no le serviría. Me pongo a pensar si existiera, y digo: «¿Le tocarán bocina a los pájaros?» Entonces me pongo a flashear una especie de código morse ultra secreto ente las aves y los pilotos. Cuando entras a la universidad, las materias serían así, por ejemplo:

-Física I

-Aerodinámica I

-Comunicación con aves I

Cabe aclarar que el módulo II de comunicación con las aves abarcaría diferentes tonos de bocina, para no comunicarse con la especie no deseada por error. Bueno, prefiero dejar este texto acá, y que no se cuantos de ustedes volarán en los próximos días, y temo que se acuerden de esto, y escuchen los bocinazos.

Andy Kaufman

Hace un rato, estaba viendo un video de una performance de Andy Kaufman, el gran humorista, en Saturday Night Live, del año 1977, mas exactamente del 4 de agosto de ese año. Y por curioso, como siempre, baje a ver lo comentarios que había dejado, y uno me llamo la atención, un tal Wally Wirget escribió en inglés:

«Recuerdo haber visto esto en vivo… Andy revelando su verdadera voz por primera vez, fue toda una noticia en mi escuela al día siguiente. Le escribí una carta, preguntándole porque había abandonado al personaje, y me la respondió, el 15 de agosto -dos semanas después- explicándome, que el quería hacer muchos mas personajes nuevos. Me mando la carta un día antes de la muérete de Elvis Presley. Sigo guardando la carta y la foto autografiada»

La verdad es que nunca sabremos si Wally Wingert realmente vivió eso, o es todo un invento. Pero tampoco sabremos si Dios existe. Es decir,no es que compare a algún dios con Wally, creo que está muy claro que Wally la pasa y la paso mucho mejor, es decir, le escribió Andy Kaufman.

Amistad de quince minutos

Soy muy tímido. Desde chico que soy tímido y aunque ya soy un poco más grande, y estoy tratando de revertirlo, hay algo que jamás podré dejar, el yerro a las situaciones incómodas, charlas, miradas, momentos, son mis perores enemigos desde chico. Antes, la mayor amenaza a esta fobia, eran los lugares donde había nenes que querían entablar una amistad. Era muy raro para mi ir a una plaza y que un desconocido de seis o siete años quiera entablar una amistad profunda, cuya duración sería tanta como mi estadía allí. Por eso, la mejor manera de escapar de esa situación, era acortando mi estadía cerca del niño. Para esto tenía dos estrategias, la primera, era salir corriendo lejos del nene. La segunda la utilizaba si el nene me seguía. Entonces le decía que me dolía la pierna y me iba.

Ahora que lo pienso, debía hacer sigo raro para un niño de seis años, acercarse inocentemente a un niño, y que esté de pronto salga corriendo al grito de: -Me duele la pierna!!

Foto muerto

Me gusta sacarme fotos como si estuviera muerto. Me encanta. Pongo el celular en un lugar alto, apuntando al piso, configuro el temporizador y me tiro, lo más casual posible. No solo me gusta por la foto, sino que también me gusta pensar que dirían, pensarían o sentirían mis familiares, amigos y conocidos si mi estado cadavérico deja de ser actuado, y muero de verdad.

No me malinterpreten, no me gustaría morir, simplemente la te flasheo pensando que pasaría si me voy, para siempre. Escribiendo esto, se me viene a la cabeza un director de cine, que viajaba por el mundo y se sacaba fotos en cualquier lado como si estuviera muerto. No recuerdo su nombre, lo busque y no me apareció. Prometo que algún día, cuando lo encuentre o lo recuerde; lo que pase primero, voy a escribir su nombre acá: . No se si tiene que ver, pero una vez Hitchock dijo: «… habitualmente, hago de transeúnte, pero, ¿como hacer de transeúnte en el medio del océano? Pensé que podría representar a un cadaver flotando, pero tenía miedo de ahogarme». Creo que lo dijo todo.

Abrazos de café

Me subía al auto, y lo primero que hacía justo después de cerrar la puerta, era ponerme los auriculares. Iba a YouTube, a mi lista de reproducción, y ponía algún tema de los 80’s. Por la duración del viaje, podía escuchar alrededor de tres canciones, durante el camino.

Se aproximaba la tercera y ya sabía que tenía que bajar, entrar, saludar con un: Buen día! fuerte y subir. Llegar,Abrir la puerta y sentarme en un banco a esperar, a esperarle. Sabía que llegaba, tiraba la mochila sobre el banco y esperaba mi abrazo. Yo me acercaba, sigiloso aunque me hubiera visto. Y le abrazaba. Sus abrazos para mí eran una dosis de energía que me despertaba. Sus brazos sufrían un efecto similar al de treinta tazas de café. Se hacía infinito, y terminaba solo cuando entraba alguien. Entonces me alejaba, y empezaba a caminar y a comentar cosas tontas. Un absurdo intento de contrarrestar los anteriores 30 segundos de amor y cariño, que no estaba listo para admitir.

Fotos

Revolviendo un cajon, me encontré con un sobre. Un sobre que reconocí en seguida. Lo abrí, y tenía razón. Ese sobre tenía fotos de mías en la primaria. Las saque y me senté en el piso a verlas. Empecé a pasarlas, a mirarlas, y me puse a pensar, a recordar. Me quede así por varios minutos, pero no era posible. No recordaba nada de aquella época. Solo cosas sueltas, risas, charlas, imágenes. Momentos que o podía ubicar en ningún lado de la línea temporal de mi infancia. No recordaba nada. Por un momento, me pareció divertido pensar que, en realidad no recordaba nada, porque no había vivido nada. Que yo era un replicante cuyos recuerdos fueron implantados.

Cuando salí de aquel pensamiento, me di cuenta de la verdad, porque no recordaba nada. Era simplemente, porque o había nada que recordar. Al parecer en algún momento de mi vida, tomé la resolución de eliminar aquellos recuerdos insignificantes. Mi cerebro llevo todos aquellos momentos a la papelera. “Algún dia -dijo mi cerebro- cuando vea las fotos, recordará los momentos felices”. Entonces me preocupe. Me di cuenta de que mis únicos recuerdos eran cuatro.

Alfajor

Sonó el timbre.Yo me encontraba recostado en el sillón, viendo la televisión con el control remoto en la mano. Con la esperanza de que detrás de la puerta me esperara algo que hagamos el esfuerzo que estaba haciendo, camine hacia la puerta y la abrí. Cuando la abrí me encontré parado sobre la alfombra de entrada, a un joven muchacho cuya vestimenta arrojaba a la luz su profesión. Era cartero. El joven me extendió con mucha seguridad y sin borrar su sonrisa, una gran caja, junto con una planilla que sin mucho esfuerzo firme. Justo en el segundo en que solté la lapicera, imaginé que sucedería si esa planilla era en realidad la escritura de la casa, y fumándola estaba cediendo la propiedad al joven cartero. Sin embargo, el pensamiento se esfumó tan rápido como el cartero cuando cerré la puerta.

Me di vuelta, apoye la caja enorme en la mesa y mientras imaginaba lo que me gustaría que contuviera, la abrí. Adentro no había nada de lo que había imaginado. El contenido me sorprendió, primero por que era ridiculo, y segundo, porque recordé que no se fabricaban más. Era un alfajor. Empecé a hacer memoria, tratando de encontrar el momento en que compré un alfajor por internet, pero no lo encontré, el recuerdo no existía. Entonces me tire en el sillón, ya dispuesto a volver a ver la tele, cuando recordé algo. En ese recuerdo, me di cuenta de que es chiquito, ya que la altura de mis ojos no superaba el segundo de los cuatros estantes que tenían chocolates. De repente, de mi sale una voz finita:

-¿Me daría un alfajor de mousse? Mire hacia arriba y allí se encontraba la cara de un señor mayor, pelado pero con un tupido bigote. El señor me respondió: 

-Mira querido, me vas a tener que disculpar, no me quedan más. Ayer se llevó todos los que quedaban una mujer rara, mal vestida, tenía un suéter bordo horrible. Bah, no se porque te cuento tanto detalle.

– Bueno muchas gracias. Respondo y me doy vuelta, cuando de repente veo a un pequeño niño,con una sonrisa radiante, que me miraba fijo. Su cara, ahora se me hace familiar. 

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