Mi mejor y único plan para un viernes a la noche, es ver una película. Ya es una rutina, que todos los viernes me acueste en mi cama, cubierto por sábanas y mantas, rodeado de almohadas y almohadones, y en el medio de todo, en la oscuridad absoluta, se prenda de repente, la pantalla con la película que voy a ver.
Las películas que veo los viernes a la noche no la avería ningún otro día, esto no es por su calidad, sino por la magia de las noches de viernes. No fue lo mismo haber visto «Cuando Harry conoció a Sally» un viernes a la noche, que hacer visto «Top Gun» el sábado siguiente. La diferencia entre estos dos casos no está en la trama ni en el género de la película, sino en- reiteró- la magia de una noche de viernes. Las noches de viernes, elegía una comedia, porque si decidís ver una drama o una bélica, te dormís. El cansancio de toda la semana se complota con el viento fresco típico de estas noches y hacen magia. Podría seguir escribiendo sobre estos rituales, pero es viernes, por la ventana está entrando viento fresco y ya encontré por donde ver «Bananas».