Que tibia que es la primavera. No hace ni frio, ni calor. Es careta.
Siempre pienso que si fuera una persona, sería una contadora de unos 40 años. Hubiera nacido un 29 de febrero y estaría soltera. Me la imagino usando unos pantalones gastados y un suéter color bordo enganchado. Su único plan de domingo seria arreglar el jardín, aunque no haga falta. De postre comería ensalada de frutas. Aunque siempre la deje por la mitad, ya que se tomaría todo el jugo primero. Ansiosa. Abandonaría al resto de las frutas, en el pote, secas, esperando a que vuelva a que el jugo que ahora se encontraba dentro del estómago de aquella odiosa mujer estómago que estaría cubierto por un horrible suéter bordo.
Si la primavera fuese un perro, sería a la una cruza entre un salchicha, alegre y juguetón, y un Cocker, cansado y viejo. Dormiría de la siesta en el pasto, con la mitad de su cuerpo a la sombra y la otra al sol. Saldría a pasear casi avergonzado de su dueña y de su horrible suéter bordo.